Pensamiento Positivo: Desapego, la Llave de la Felicidad

Cuando mueren los apegos nace la libertad

Hay un deseo común, que es el cumplimiento de lo que se cree que va a dar felicidad al yo, al ego. Ese deseo es apego, porque ponemos en él la seguridad, la certeza de la felicidad.

Es el miedo el que nos hace desear agarrar con las manos la felicidad, y ella no se deja agarrar. Ella es. Esto sólo lo descubrimos observando, bien despiertos, viendo cuándo nos mueven los miedos y cuándo nuestras motivaciones son reales. Si nos aferramos a los deseos, es señal de que hay un apego. El apego habrá perdido la batalla cuando lo descubras, y ya no tendrá el poder que la inconsciencia le daba. Tu mandarás sobre él. 

La aprobación, el éxito, la alabanza, la valoración, son las drogas con las que nos ha hecho drogadictos la sociedad, y al no tenerlas siempre, el sufrimiento es terrible. El día en que entres de pleno en tu realidad, el día en que ya no te resistas a ver las cosas como son, se te irán deshaciendo tu ceguedades. Puede que aún sigas teniendo deseos y apegos, pero ya no te engañarás.

La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no conseguirla. El estar despierto y mirar sin engaños no quiere decir que desaparezca tu programación, sino que allí estará, pero la verás claramente, y al apego lo llamarás apego, y a lo que creías amor lo llamarás egoismo.

No existe necesidad de ser popular. No existe necesidad de ser amado o aceptado. No existe necesidad de estar en posición de relevancia o de ser importante. Éstas no son necesidades humanas básicas. Son deseos que nacen del ego, "el Yo condicionado", del mío. Algo profundamente incrustado en ti. Tu yo, no tiene interés en estas cosas. Él ya tiene todo lo que necesita para ser feliz. Todo lo que necesitas es concienciarte de tus apegos, de las ilusiones que esas cosas son y estarás en el camino de la libertad y felicidad verdaderas.

Las cosas son lo que son. No son mías, tuyas o de él. Esto es una mera convención entre nosotros. No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aún a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar. 

Anthony de Mello 


El desapego se convierte en actitud en el hombre feliz, que, a medida que se acepta y comprende a sí mismo, ama y practica más la sencillez, la simplicidad, la calma y la paz del espíritu, y se aparta de las ostentación, la vanidad y el lujo que hunden al ser humano en la vaciedad y la estulticia del orgullo. El desinterés y desapego por los bienes materiales hace posible que veamos las cosas desde cierta altura. Nuestra percepción serena y desapasionada adquiere entonces el justo sentido de la proporción y de la medida.

Si cada día nos desprendemos de algún apego que nos condiciona, nos libraremos de una atadura, de un peso más que nos impide volar hacia el espacio sin límites de la verdadera libertad. El austero es libre y feliz porque lo tiene todo en cualquier sitio donde se encuentre. Se lleva a sí mismo y a su increíble capacidad de disfrutarlo todo sin importar el lugar, las personas y las situaciones. Camina ligero de equipaje, porque en su propio pensamiento encuentra la fuente inagotable de la dicha, la riqueza y el éxito.

La austeridad conlleva el desapego a los bienes materiales como generadores de felicidad, ya que el sabio no tarda en descubrir que es en la optimista disposición mental donde se apoya el secreto del éxito y no en la acumulación de riquezas de forma afanosa.

Bernabé Tierno- Psicólogo y escritor



el desapego no es falta de interés, sino falta tomar distancias

El deseo siempre causa sufrimiento porque sólo surge cuando hay algo que falta y que queremos. Es igual que se trate de la comida o de la iluminación. Es algo que no tenemos, así que lo deseamos y sentimos su falta como dolor. Después, si no podemos obtener lo que deseamos, sentimos frustración, resentimiento, pesar y tristeza. Es evidente que sufrimos al no obtener lo que deseamos.

Si hemos satisfecho un deseo determinado también nos transforma, porque por experiencias anteriores sabemos que no puede durar la satisfacción. Nos preocupa cómo alargar el placer. La preocupación es sufrimiento, y si el placer no dura, hay sufrimiento de nuevo.

Tratar de hacer durar algo produce miedo y tensión. Tenemos miedo a perder a determinadas personas, situaciones, posesiones y sensaciones. También está el miedo a no obtenerlas cuando las queremos, como el que surge después de una buena meditación. El sufrimiento ha surgido porque cualquier deseo lo lleva como característica propia. 

Solo cuando reconozcamos esto en nosotros mismos seremos capaces de empezar a renunciar. Nuestro apego a las personas y cosas que queremos conservar es el que nos produce el sufrimiento. Sólo dolor y problemas hasta que termina la vida. Hasta que no reconozcamos esto no seremos capaces de abandonarlo.

La renunciacion comienza cuando nos deshacemos de algo sabiendo que le tenemos real apego. Si podemos hacerlo contentos, sin apretar los dientes ni cerrar los ojos para no ver lo que está ocurriendo sino con alegría, entonces hemos visto el peligro del aferramiento.

Más importante que abandonar cosas es abandonar los puntos de vista y las opiniones sobre nosotros mismos y el mundo, y sobre cómo debería actuar y reaccionar otra gente, especialmente la más cercana. Todo esto es sufrimiento, estar ligados al deseo de tener y poseer.

Existe también el deseo de ser, ser amado por ejemplo. O ser esposa y madre, o ser famoso y apreciado. Cualquier deseo causa sufrimiento y nos impide estar contentos y tranquilos. Otro deseo que nos causa sufrimiento es querer ser diferentes a como somos. Trabajar y cambiarse poco a poco a sí mismos es otra cosa.  Pero los deseos de la mente, se deben,  a sentir un vacío, una carencia, algo que falta y eso es doloroso.

Sólo la renuncia puede mitigar el dolor. Pero nosotros tratamos siempre de responder a ese dolor intentando obtener lo que deseamos. Esto jamás ha matado el dolor porque cuando no se renuncia al deseo, éste nos recuerda el dolor constantemente.

Ayya Khema, (1923-1997) Budista y escritora


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